Bárdera

recordar

¡Arriba, versos de la tierra!

Escrito por aorejana 25-04-2014 en General. Comentarios (0)


¡ARRIBA, VERSOS DE LA TIERRA!

Venimos a contarles nuestra historia

y a pediros el voto de la vida.

Somos gente de paz con una herida

de explotación presente en la memoria.

 

Y en medio del dolor capitalista

sabemos resistir: porque sabemos

que de su negro mar de crisantemos

saldrá la rosa roja y comunista.


Para que todo cambie de verdad,

para que venga el alba que no miente

venimos a ofreceros diferente

la rosa roja de la libertad.


Pensad alguna vez lo que sería

su perfume esparcido por el viento

llevando para el nuevo ayuntamiento

hasta el Salón de Plenos la poesía.

  Javier Egea.


(Soneto a la candidatura del PCE en las elecciones

Municipales de 1983, en Granada. Es bueno

recordarlo en cualquier proceso electoral)



 



CONVIENE RECORDAR...

Escrito por aorejana 28-11-2011 en General. Comentarios (0)

 

         Carta de amor a una mujer desconocida

 

 

         Hoy he escrito una carta de amor a una mujer desconocida. Rafael es de Ubrique, no sabe leer, no sabe escribir, sólo hay dulzura en su rostro. Intenté enseñarle en las tardes que sufrimos en el campamento, pero fue poco el tiempo; aprendió algo, pero no lo suficiente. Aprendió a estimarme y a envidiarme sanamente, y yo aprendí a quererle, como a mis primeros alumnos, aquellos que aparecieron con seis años ante mí como mi primer reto: mi primer asalto a la vida.

         Me dijo que le leyera la carta de su novia, que quería escucharla una vez más; antes se la habían leído otros. Rafael sólo tiene amigos, nadie le puede hacer daño, su sonrisa y su chispa frenarían en seco al que quisiera hacerle mal. Sólo las alimañas le pueden dañar, por eso, los militares se ceban en él y le maltratan, se burlan los cabos, le sacuden los sargentos. Por eso les odio. Cada burla, cada cachete en su espalda, me hiere el alma, y la rabia por esta impotencia me atormenta.

         Me ha pedido que le escriba una carta a su novia, lo hago con agrado, disfruto... El me dicta y yo escribo. De vez en cuando, introduzco una frase que expresa tiernamente la  llama de amor que aprecio en sus ojos. Se la leo y se enciende aún más, y, casi llorando, me dice - eso es lo que quería decir - y me dice que me lo agradece mucho y que siente un montón tener que marcharse y no volver a verme.

         Intento consolarle:

 - Sí nos volveremos a ver, volverás, allí no os pueden tener todo el tiempo.

 

         Todo el campamento se habían pasado los cabos amenazándonos con ir a Tisla, es el puesto más interior del Sahara, es donde más contraste hay entre el día y la noche: por el día se sobrepasan constantemente los cincuenta grados, por la noche cuatro o cinco bajo cero. Ese cambio es insoportable, algunos tienen problemas hasta para orinar. Allí sólo hay un pequeño campamento, sólo hay militares, militares y "siroco" -  viento del desierto cargado de polvo que te vuelve loco.

         Allí iréis de cabeza si doy un parte de vosotros, porque hacéis mal las cosas - nos amenazaban los cabos y los sargentos.

 

          Y allí fue Rafael. Era pequeño, era analfabeto, era débil, sólo tenía una cara de niño inocente y una sonrisa eterna, un chiste en el momento oportuno para alegrar al que le contaba una pena y una generosidad absoluta. No tenía nada suyo. Cuando recibía comida, esa que nos llegaba a todos enviada en un paquete, se hacía la fiesta. Aparecía el vino, lo comprábamos entre todos, y el barracón entero vivía una noche de alivio y de juerga. Por eso, pensaron los del ejército que sólo servía para estar escondido en el último rincón de esta zona conquistada en vez de estar feliz en su pueblo; feliz con su novia, que le escribía cartas dulces, que le leíamos los compañeros. A veces hacíamos corro cinco o seis. Uno, habitualmente yo, le leía la carta y el resto, en respetuoso silencio, le daba muestras de nuestro cariño.

 Un día recibió una cinta. Cogió un radiocasete, buscó un rincón del barracón y un momento de soledad, y se quedó escuchando él solo. Por primera vez no necesitaba de los demás y vivió en soledad el primer momento. Sólo fue el primero, porque cuando hubo saboreado todo el amor que en la cinta le enviaba su amada, nos llamó sonriente y nos dejó escucharla. Después cogió una cinta virgen, buscó nuevamente un rincón y un momento de soledad y contestó.

 

         ...Hoy escribo una carta de amor a una persona desconocida, la escribo con amor y con gusto. Enfrente está Rafa dictando. Le escucho, le corrijo, le leo lo escrito, y la chispa que veo en sus ojos me da fuerza, me anima y me conforta...

                                                                  wwwaorejana.com

 

 

 

  … A PROPOSITO DE LA DEFENSA DE LAENSEÑANZA PÚBLICA

                                     

 

En el año 1.973, cuando el servicio militar era obligatorio y los destinos se hacían por sorteo, aproximadamente un diez por ciento de los jóvenes de veinte a veintidós años, no sabían leer.