Bárdera

Construyamos paraísos


Construyamos paraísos en la tierra para que no haya personas dispuestas a inmolarse para encontrarlos en no se sabe dónde.

En el siglo XXI, con los adelantos técnicos y la sabiduría humana acumulada es posible crear paraísos en la tierra. Si los datos de los expertos no me engañan hay riqueza en el planeta para poder vivir decentemente el conjunto de la humanidad. Repartámosla justamente. ¡Que no mueran de hambre diariamente cuarenta mil personas! Creemos espacios de convivencia pacífica en los que las desigualdades sociales desaparezcan, el trabajo este repartido y llegue a todas las personas, las necesidades de salud, educación y dependencia estén totalmente cubiertas, la conciliación entre la vida laboral y la vida familiar prevalezca sobre la legislación laboral para que las familias puedan dialogar y compartir ratos de ocio. Hagamos que las personas sean felices.

Los últimos atentados y las consecuencias que están trayendo creo que merecen una profunda reflexión desde el interior de nuestras conciencias en este sentido, huyendo de la precipitación y del instinto fácil: la culpa siempre es del otro.

LIBERTAD-IGUALDAD-FRATERNIDAD

¡Qué bonito! Y qué bonito es cantar la Marsellesa ligada a esos principios.

Pero eso solo no basta. Esos principios son incompatibles con los de COMPETITIVIDAD– PRECARIEDAD –INDIVIDUALISMO

Y no se puede servir a dios y al diablo, hay que elegir. Si elegimos competitividad rompemos la libertad. Cuando se compite solo es libre el que gana. La competitividad nos lleva necesariamente al enfrentamiento, a la violencia y a la guerra. La competencia, la profesionalidad y la solidaridad, sí nos hace libres. Si elegimos precariedad rompemos la igualdad y nos situamos en los guetos, las zonas marginadas, las desigualdades sociales. Y si elegimos el individualismo, estamos eligiendo los egoísmos personales, estamos diciendo adiós a la fraternidad.

Es bonito cantar, pero es más bonito ser coherentes con lo que se canta.

Estas deberían de ser las premisas de un pacto, no de un estado en concreto, ni siquiera de la Unión Europea, un pacto planetario en el marco de una institución universal. Si la ONU es válida, que lo dudo, aprovechémosla; y si no, inventemos otra. Construyamos paraísos, y si para ello es necesario implantar un impuesto universal a los países, hagámoslo justamente: pagando quien más tiene y recibiendo quien más lo necesite.

El primer objetivo debe ser luchar contra las desigualdades sociales, y se debe de perseguir siempre. Antes de cualquier atentado, durante los atentados y todo el tiempo que sea necesario después.

Actualmente el mundo está lleno de infiernos: Palestina, Afganistán, Irak, Libia, Siria…, y el llamado mundo civilizado ha contribuido a ello con sus intervenciones bélicas. Hemos elegido un camino equivocado, cambiémoslo.

Construyamos paraísos en la tierra en vez de infiernos.

Así no habrá que buscarlos en ninguna otra parte.

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