Bárdera

EL PARALELEPÍPEDO

 

No sé si sabréis que todos tenemos un rincón donde se guardan nuestros sueños. Todas las personas de sexto A conocían muy bien cuál era su rincón. Lo conocían desde el primer día de clase de lengua: el profe les dio una carpeta totalmente vacía en la que tenían que meter sus sueños obligatorios y sus sueños libres. Unas tenían su carpeta más llena y otras menos, pero todas sabían hasta donde llegaban sus sueños.

El rincón común, el de todos, era un habitáculo que estaba en la esquina noroeste del patio. Sabían que estaba en la esquina noroeste porque la profe de naturaleza cuando explicaba los puntos cardinales siempre decía: “y al noroeste el habitáculo de la raya azul”.

Se le llamaba de la raya azul porque no se sabía que tuviera otra utilidad. Siempre que hablaban de esa edificación decían que era el edificio más importante del colegio, pero nadie decía lo que había dentro.

Cuando algún alumno preguntaba para qué servía ese espacio o qué era lo que guardaba en su interior, los profesores siempre respondían lo mismo: “cuando seáis mayores lo descubriréis”.  Y no había nada que les molestase más que esa respuesta, pues al mismo tiempo que les recordaba su angustia por ser pequeños, les incitaba a querer crecer de la noche a la mañana y, claro, eso no se puede conseguir así como así.

Por eso estaban mosqueados con todo el profesorado. Bueno con casi todo, porque había uno que no sabían si hablaba en broma o lo hacía en serio; era el de lenguaje, que les decía que para saber lo que había dentro de ese habitáculo tenían que descubrirlo por sus propios medios, y, para lograrlo, debían rodearlo y estar atentos a lo que en él sucedía todo el tiempo posible.

Todos se ponían de acuerdo en los recreos para observar a ese edificio tan raro. Raro porque daban vueltas y vueltas a su alrededor y nadie encontraba una puerta. Debía de estar totalmente camuflada porque de su interior si salían de vez en cuando ruidos. Eran ruidos raros, pero si ponías atención se escuchaban conversaciones deslavazadas.

El profesor de lenguaje les dijo que eran los cuentos que habían ido dejando todas las personas que habían pasado por el colegio y que ellos también debían escribir uno y meterlo dentro. Pero claro, si no encontraban la puerta… ¿por dónde iban a meter el cuento?

La verdad es que los alumnos no sabían si el profe les hablaba en serio o les estaba tomando el pelo.

Conocían la palabra paralelepípedo desde el primer curso, porque el seño de entonces les dijo que las únicas palabrotas que se podían decir en el cole eran: paralelepípedo y esternocleidomastoideo.

Después supieron lo que era un paralelepípedo, porque se lo dijo la profe de matemáticas de sexto, y…, porque era una palabra tan rara que no se les iba a olvidar en la vida.

Cuando la profe de mate, que era muy bromista, les hablaba de los cuerpos geométricos, siempre les decía lo mismo: “hay algunos que a lo mejor se os olvidan: la esfera, el cubo, la pirámide…, pero estoy segura que el paralelepípedo no se os va a olvidar nunca, porque a nadie se le ha olvidado jamás y porque es ese edificio tan curioso que está en la esquina noroeste del patio, que rodeáis todos los días en el recreo y que nunca llegáis a descubrir lo que encierra dentro”.

La profe de mate, y todos los demás, cuando hablaban del edificio lo hacían con una superioridad que a ellos les molestaba. Todos sabían para que servía y lo que encerraba, pero nadie se lo contaba.

 

Sabían que algo tenía que haber porque escuchaban unos sonidos muy raros. A veces parecían risas pero otras veces parecían llantos. No acababan de entender ninguna conversación porque aunque escuchaban con mucha atención recibían los sonidos distorsionados sin poder entender ni una palabra.

Se repartieron las cuatro paredes del edificio de tal forma que a cada uno le tocaba más o menos un par de metros. Palparon las paredes y apretaron con sus manos en todas las rayas por si la puerta estuviese camuflada como ocurría en las películas con los pasadizos secretos, que parecía que no se veía la puerta pero luego, uno se apoyaba en la pared y sin darse cuenta esta giraba y ¡zas!: te encontrabas en el interior del laberinto.

Estaban obsesionados con encontrar la puerta. Alucinaban cuando notaban que el profe o la profe que estaba en el patio desaparecía y luego creían escuchar su voz en el interior del paralelepípedo. Entonces se acordaban de lo que les decía el profe de lengua: “concentración, lo que necesitáis es concentración”. Y se concentraban, o al menos lo intentaban, porque cuando su mente volaba al gol del último partido de su equipo favorito, o a la canción de última hora de su ídolo, ¡pumba!: el profe volvía a aparecer en el patio sin enterarse por donde había salido.

-         Es que vosotros no estáis atentos en vuestra zona-, decían quienes mejores notas sacaban a quienes las sacaban peores. Y se enzarzaban en unas discusiones que a veces rayaban en las peleas, y era, precisamente en esos momentos, cuando todo el profesorado del centro entraba y salía a su antojo.

-         Las verticales, tenemos que buscar las verticales-, se le ocurrió decir a una cuando recordó la regañina que les había echado la profe de mate por olvidarse de las verticales.

¡Cómo podían haberse olvidado de las verticales! La profe de mate les había dicho que todas las líneas del paralelepípedo que subían hacia arriba eran verticales, que las aristas también lo eran y que las puertas de todos los edificios también eran verticales al suelo. La profe ese día se puso muy seria porque les dijo que la sensación de verticalidad era el primer logro que conseguía la persona humana. Entonces les habló del esfuerzo que tiene que hacer todo el mundo para conseguir pasar de andar a gatas y ver el mundo desde la horizontalidad, a erguirse, ponerse de pies, y verlo desde la verticalidad. Hizo mucha insistencia en eso, porque ver el mundo desde la verticalidad era tener un concepto totalmente distinto de las cosas. Pero claro, esas cosas que para la profe eran tan importantes, a ellos, ¿cómo no se les iban a olvidar, si cuando consiguieron la verticalidad tendrían poco más de un año y por mucho que se esforzasen solo conseguían recordar algo desde los cuatro?

De todas formas eso de las verticales debía de ser algo muy importante y decidieron aprovecharlo para intentar descubrir la puerta. Se lo tomaron tan en serio que alguien propuso buscar una escalera, seguir una línea vertical y llegar hasta el techo, quizá la puerta estuviese allí arriba y los profes tuviesen algún tipo de muelle en sus pies que les permitiera llegar hasta el techo. La mayoría se lo tomo a broma y desistieron del intento.

Cuando el final del curso se acercó les empezó a entrar la angustia. La angustia no era ninguna persona, aunque uno conocía a una persona que se llamaba Angustias y que compraba en la misma tienda que su madre. Angustias en plural era el nombre de una persona y angustia en singular era lo que sentían todas las personas de la clase, algo que no cuadraba con lo que les había explicado el profe.

Lo cierto es que la angustia se apoderó de ellos y decidieron dejar de investigar y esperar a que el profe se lo contase en el desenlace del cuento. Pero el profe les dijo muy seriamente: “no hay desenlace hasta que compruebe que todos los cuentos están dentro del paralelepípedo y eso será al final del curso”.

Se acercó el final de curso y todos y todas tenían su cuento, hasta lo habían leído una o dos veces en clase, porque primero leyeron la presentación de los personajes, después los diferentes giros que había tomado el nudo y por último leyeron el cuento completo con su desenlace incluido. Todos tenía su cuento pero no encontraban la puerta para introducirlo en el paralelepípedo por lo que estaban muy, pero que muy, tristes.

 

El último día de clase el profe dejó un sobre encima de la mesa. En el sobre ponía con letras mayúsculas: EL DESENLACE.

 

El profe se fue a un rincón de la clase y observó.

 

 

 

 

 

En el sobre había dos folios.

En el primero, que era el final del relato, se notaba como una despedida cariñosa y decía:

 

 “El último día cuando el profe se fue a un rincón de la clase conteniendo las lágrimas, porque la emoción de haber aprobado la sexta evaluación todas las personas le impidió hablar, dejó un sobre encima de la mesa donde aparecía en letras mayúsculas la frase: EL DESENLACE

 

Desenlace uno:

Al sentirse observados, se dieron cuenta de que eran ellos quienes tenían que organizarse. Encima de la mesa había un sobre que tenían que leer pero no podían leerlo todos, y menos todos a la vez. Entre todos buscaron una fórmula para que fuese una persona quien lo leyera y así lo hicieron.

 

Desenlace dos:

Los chicos se abalanzaron para ser los primeros en coger el sobre, también alguna chica les acompañó. El resto de las chicas y algún chico protestaron porque no había derecho a que fuesen ellos quienes lo cogieran. Alguna hasta les llamó brutos. Alguno respondió diciendo que más brutas eran ellas.  El profe, que observaba desde su rincón, tuvo que intervenir y decir que eran unos irresponsables y que lo iba a leer él. Que el orden y el respeto eran fundamentales para descubrir el final”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El segundo estaba escrito con letras mayúsculas y decía:

 

SI ENCONTRÁIS LA PUERTA PODRÉIS METER EN EL PARALELEPÍPEDO TODOS VUESTROS CUENTOS Y PASARÉIS A LA ESO CON UNA SONRISA DE OREJA A OREJA. SI NO ENCONTRÁIS LA PUERTA TENDRÉIS QUE HABLAR CON EL PROFE DE LENGUA EN EL VERANO Y EL OS DARÁ LA SOLUCIÓN

 

 

PD. PARA ENCONTRAR LA PUERTA TENDRÉIS QUE RESOLVER ENTRE TODAS LAS PERSONAS DE LA CLASE EL SIGUIENTE ACERTIJO:

 

ES UNA FRASE CON DOS PALABRAS.

 

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LA PRIMERA TIENE DOS LETRAS:

-         LA PRIMERA LETRA ESTÁ RELACIONADA CON LOS NÚMEROS 8 Y 9 DE LA CLASE

-         LA SEGUNDA CON LOS NÚMEROS: 1,4,6,10.16,18, 23 y 26

 

LA SEGUNDA PALABRA TIENE ONCE LETRAS Y ESTÁN RELACIONADAS CON LOS NÚMEROS SIGUIENTES:

-         LA 1: 22

-         LA 2: 4,7,13 Y 24.

-         LA 3: 1,4,6,10,16,18,23 Y 26.

-         LA 4: 2 Y 5

-         LA 5:22

-         LA 6: NO ES LA PRIMERA LETRA PERO ESTÁ EN 7,10,16,17,20,21,23,25,26 Y27.

-         LA 7: 1,4,6,10,16,18,23 Y 26

-         LA 8: 3,12,15,20 Y 28

-         LA 9: 22

-         LA 10:NO ES LA PRIMERA LETRA DE NINGÚN NOMBRE PERO ESTÁ EN 1,2,4,6,8,10,11,17,18, Y 23 (ADEMÁS LLEVA TILDE)

-         LA 11: IGUAL QUE LA 6

 

 PD 2.(PARA LOS MAYORES) SI ALGUIEN NO HA DESCUBIERTO LA PUERTA TIENE QUE PEDIR LA LISTA DE SEXTO A AL PROFE.

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